jueves, 19 de septiembre de 2013

24-06-2002



Hoy el aire es deliciosamente extraño, tanto que en un sueño de ojos abiertos se podría ir toda una bonita vida.

Hoy el mar es fiel reflejo de un ancho cielo aturquesado, con ribetes de azafrán y finas lilas, cuidadoso suspiro de gaviotas que buscan algo más que un simple vuelo. Allí donde se ciernen los oscuros abismos que despuntan en las entretierras del alma te ves inmerso en una esfera de alabastro acristalado que redunda en la pureza de la luz que te cobija. Armónicos siseos incesantes amén de suaves soplos de aires vivos adormecen los inocuos sentimientos para dar paso a brotes de verdes añoranzas. Bucólicas historias del presente se tornan hermosos aspavientos del sistólico destino; anaeróbico-aláctico e impávido soñar de mil soñares que rebufa más allá de las impertérritas murallas inertes del olvido.

Hoy has de sentirte más nada y más algo, estela que se escurre por entre los lazos de ese inmenso pero abierto infinito. Tal vez allí, allá, una linda flor aprincesada y embriagada por el silencio de las nubes espere sin saberlo. Recóndita atalaya, repleta de sílfides y náyades dejadas por la pluma de rimas y leyendas, socorre el porqué de sus miedos y anhelos insondables. Frondosos baobabs enraizados en el alto cielo dan sombra a los espíritus más sublimes de la tierra que pisa. Un campo sembrado de mil millones de piropos se extiende ante la mirada ambarina del estivo.

Hoy cree saber o quiere creer que es ella. Sí, tienes que ser ella. Se ve anegado en su esencia leyendo esas verdades entre marañas de deshilachados sueños que de nuevo se entretejen. Sucumbe ante aquellos espejos que la miman por encima de lo palpable y la muestran cuajada de jazmines y azucenas, laboriosos y ambiguos sincretismos de miel que se ofrece a sus labios. Alborozados reflejos de alma pura se tornan en púrpura fluida cuan ingrávidos respiros de montaña que despuntan sobre mil y una cimas. Te siente sobre un eléctrico temblor de pieles sempiternas que se extienden más allá del presente, más acá del futuro; solo existen ellos y ellos, y entre ambos reposa una sensación sublime de estar por encima de los pesados átomos de tierra, susurro del éter inconciso que llena un universo. Su beso es tu beso, es el gesto tranquilizador y placentero que al mar os lleva, es un espacio-tiempo donde se encierra un dominio sin límites, un lugar para expresiones inmortales y pasiones libertinas sobre la exaltación del propio ser humano.


Hoy estáis aquí pero… ¿dónde estaréis mañana? Solo tú y él sabéis, es parte de vuestro ser o no ser indescifrable para todos. Puede que surjáis de los asientos de un coche de vuelta a casa en un día de playa. Probablemente allí charléis mientras el paisaje se recorta en uno de los cuadros de la máquina del siglo. Y entonces… puede que tú le hables de una vida y que él sienta la sensación desconcertante de ser parte de esa linda existencia, desempolvando herrumbrosos pensamientos atezados por la pátina de un mundo inconcluso. Y tal vez en uno de esos instantes someros de plática prohibida vuestros ojos se enfrenten a la duda existencial del qué y el porqué y al final acaben reprimiendo el impulso incontrolable de los cuerpos en busca del amor de los sentidos ¿Pero acaso no existe el País del Mañana? ¿Dejaréis algún día de ser saltimbanquis de circo aferrados a un presente muerto? Así será, inevitablemente tiene que serlo. De todos modos ya dice el proverbio chino que “si algo nos atormenta y no le vemos salida o si nos inquieta pero sabemos cómo solucionarlo… para qué preocuparnos”.

Hoy ya puede ser mañana, un pasado venido del futuro para mostrar la profecía de lo incierto pero real. Antagónicos perfiles del espíritu se entremezclan en las aguas de tú río: la paz y la guerra, el amor y el odio, la sencillez y la insolencia, la muerte y la vida, lo fugaz y lo eterno,… lo blanco y lo negro. Pero la hebra cristalina sigue su curso desde las angostas y prohibidas hendiduras de roca hasta la llana y libre mirada del océano. En ese lugar de encuentros sucumben las desesperanzas y las apatías del semblante para iniciar un nuevo karma, un escalón más pulcro, un sol naciente despojado ya de miedos y de abismos. Y los ensimismados niños se vuelven príncipes y princesas del piélago, y ven cómo sus sueños ondean sobre las plateadas olas que rielan bajo la luna. Y, desde la apacible orilla, otean los planetas que flotan sobre el aire embrisado como burbujas de jabón encespedantes que suben y bajan al compás del rebufo del céfiro vespertino. Y la aurora los arrulla dulcemente colmando sus reposos de “alegría”.






¿Inconsciente colectivo? Yo lo llamaría subconsciente alternativo bicanalizado, jajajaja. Tal vez exista el tercer


Hoy solo es 5 y 6 de junio de 2.002.


                            Algún día tenía que ser…

 “… caminante no hay camino sino estelas en la mar.”

Puede ser que un trastorno neurasténico reconduzca nuestras mentes a una dicha sin sentido y toscamente enrevesada: inconsciente individual retrospectivo; colector de un pasado anquilosado en la memoria; interconector multineurológico discrecional; atavío aurosinérgico de piel traslúcida; luminosos frenéticos de espasmos relucientes, colorido poético de mimético espanto; libertad excarcelada de su absurdo, blanca nieve, claras aguas, altos cielos, mil epítetos corridos; una princesa sin reino ni corona, un lugar hermoso sin princesa; altas y afiladas cuchillas de granito, nubes salpicadas de biotita, hambriento feldespato, eterno cuarzo; seres, inertes y vivos, pasados, presentes, futuros, seres humanos, mujeres y hombres; … un todo.

¿Y qué diríamos de ese lapso que ha sobrevenido sin desplazar el aire que respiras? ¿Por qué se habrá perdido? ¿Dónde estábamos cuando atravesó tu calle? ¿En qué lugar? ¿En qué tiempo?


Hoy, de nuevo, el aire es deliciosamente extraño. He vuelto a sentir a Juan Gaviota y he podido ver que es fácil volar sobre ese aire sin más que aceptar que “somos una idea ilimitada de la libertad, una imagen del Gran Ser, y todo nuestro cuerpo, de los pies a la cabeza, no es más que nuestro propio pensamiento”.

Hoy quisiera estar allí, aquí, en el ahora, en el después, en el antes... viajar sin cuerpo, sin materia, por un mundo repleto de lindos sentimientos, poder asirlos a través de mis pulmones, llenar el vacío con ellos ¡Quién pudiera decidir que la mente nos es más que una ínfima parte de LA MENTE! Hoy podríamos andar por una historia interminable, trepar paredes que rasquen el cielo, flotar por mares invisibles sobre el halo del delfín sagrado,… Hoy podríamos cerrar los ojos un instante y notar cómo el frescor oxigenado de un gran bosque nos separa del somático delirio de los cuerpos entre cárcavas y tuétanos caídos de la nada. Y entender el lejano crepitar de las estrellas como cantos que alumbran la tiniebla. Y soñar dos lívidas gaviotas que se alzan relucientes más allá de la pitanza de los hombres.


Hoy, alegría. Hoy.


Hoy es ya 7 de junio de 2.002.

  Hoy ¿Otra vez hoy? ¿Qué puede estar pasando para que sigamos viviendo en un hoy? ¿A dónde fue el ayer? ¿Dónde estará el mañana?
Tendremos todo un País sin Tiempo para nosotros cuando sintamos vivir el minúsculo chasquido del ahora en un universo vacío de relojes. Entonces…


La princesa dormía abstraída sobre el ritmo intermitente de largos suspiros. Una cúpula de cristal de bohemia escondía sus encantos bajo los destellos del alma.

En el páramo, el sol ha despertado dispuesto a cruzar de nuevo el amplio cielo. Un gigantesco alcornoque abre sus poderosos brazos más allá de donde los rayos se tornan en finos haces de energía indisoluble. Sobre el sombrío y raído suelo se extiende un velo de hojarasca que conforma un espacio único, un círculo perfecto en medio de ningún lugar, una alfombra inmejorable para el cansado viajero del desierto. Desde allí se vislumbran las frondosas murallas del castillo. Mil jirones ondean sobre otros tantos y puntiagudos mástiles de acero al compás de la brisa matutina. Un firme lienzo de tosca roca se escapa a la historia del tiempo a través de las tupidas esperanzas del gran oasis. Cien torres se muestran avispadas sobre el silencio de la nada.


Pero no hay barreras para el pensamiento, solo existe su propia limitación, la que él mismo se imponga.

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