Hoy el
aire es deliciosamente extraño, tanto que en un sueño de ojos abiertos se
podría ir toda una bonita vida.
Hoy el mar es fiel reflejo de
un ancho cielo aturquesado, con ribetes de azafrán y finas lilas, cuidadoso
suspiro de gaviotas que buscan algo más que un simple vuelo. Allí donde se
ciernen los oscuros abismos que despuntan en las entretierras del alma te ves
inmerso en una esfera de alabastro acristalado que redunda en la pureza de la
luz que te cobija. Armónicos siseos incesantes amén de suaves soplos de aires
vivos adormecen los inocuos sentimientos para dar paso a brotes de verdes
añoranzas. Bucólicas historias del presente se tornan hermosos aspavientos del
sistólico destino; anaeróbico-aláctico e impávido soñar de mil soñares que
rebufa más allá de las impertérritas murallas inertes del olvido.
Hoy has de sentirte más nada y
más algo, estela que se escurre por entre los lazos de ese inmenso pero abierto
infinito. Tal vez allí, allá, una linda flor aprincesada y embriagada por el
silencio de las nubes espere sin saberlo. Recóndita atalaya, repleta de
sílfides y náyades dejadas por la pluma de rimas y leyendas, socorre el porqué
de sus miedos y anhelos insondables. Frondosos baobabs enraizados en el alto
cielo dan sombra a los espíritus más sublimes de la tierra que pisa. Un campo
sembrado de mil millones de piropos se extiende ante la mirada ambarina del
estivo.
Hoy cree saber o quiere creer
que es ella. Sí, tienes que ser ella. Se ve anegado en su esencia leyendo esas
verdades entre marañas de deshilachados sueños que de nuevo se entretejen.
Sucumbe ante aquellos espejos que la miman por encima de lo palpable y la muestran
cuajada de jazmines y azucenas, laboriosos y ambiguos sincretismos de miel que
se ofrece a sus labios. Alborozados reflejos de alma pura se tornan en púrpura
fluida cuan ingrávidos respiros de montaña que despuntan sobre mil y una cimas.
Te siente sobre un eléctrico temblor de pieles sempiternas que se extienden más
allá del presente, más acá del futuro; solo existen ellos y ellos, y entre
ambos reposa una sensación sublime de estar por encima de los pesados átomos de
tierra, susurro del éter inconciso que llena un universo. Su beso es tu beso, es
el gesto tranquilizador y placentero que al mar os lleva, es un espacio-tiempo
donde se encierra un dominio sin límites, un lugar para expresiones inmortales y
pasiones libertinas sobre la exaltación del propio ser humano.
Hoy estáis aquí pero… ¿dónde estaréis
mañana? Solo tú y él sabéis, es parte de vuestro ser o no ser indescifrable
para todos. Puede que surjáis de los asientos de un coche de vuelta a casa en
un día de playa. Probablemente allí charléis mientras el paisaje se recorta en uno
de los cuadros de la máquina del siglo. Y entonces… puede que tú le hables de
una vida y que él sienta la sensación desconcertante de ser parte de esa linda
existencia, desempolvando herrumbrosos pensamientos atezados por la pátina de
un mundo inconcluso. Y tal vez en uno de esos instantes someros de plática
prohibida vuestros ojos se enfrenten a la duda existencial del qué y el porqué
y al final acaben reprimiendo el impulso incontrolable de los cuerpos en busca
del amor de los sentidos ¿Pero acaso no existe el País del Mañana? ¿Dejaréis algún
día de ser saltimbanquis de circo aferrados a un presente muerto? Así será,
inevitablemente tiene que serlo. De todos modos ya dice el proverbio chino que “si
algo nos atormenta y no le vemos salida o si nos inquieta pero sabemos cómo
solucionarlo… para qué preocuparnos”.
Hoy ya puede ser mañana, un
pasado venido del futuro para mostrar la profecía de lo incierto pero real.
Antagónicos perfiles del espíritu se entremezclan en las aguas de tú río: la
paz y la guerra, el amor y el odio, la sencillez y la insolencia, la muerte y
la vida, lo fugaz y lo eterno,… lo blanco y lo negro. Pero la hebra cristalina
sigue su curso desde las angostas y prohibidas hendiduras de roca hasta la llana
y libre mirada del océano. En ese lugar de encuentros sucumben las desesperanzas
y las apatías del semblante para iniciar un nuevo karma, un escalón más pulcro,
un sol naciente despojado ya de miedos y de abismos. Y los ensimismados niños
se vuelven príncipes y princesas del piélago, y ven cómo sus sueños ondean
sobre las plateadas olas que rielan bajo la luna. Y, desde la apacible orilla,
otean los planetas que flotan sobre el aire embrisado como burbujas de jabón
encespedantes que suben y bajan al compás del rebufo del céfiro vespertino. Y
la aurora los arrulla dulcemente colmando sus reposos de “alegría”.
¿Inconsciente colectivo? Yo lo
llamaría subconsciente alternativo bicanalizado, jajajaja. Tal vez exista el
tercer
Hoy solo es 5 y 6 de junio de
2.002.
Algún
día tenía que ser…
“… caminante no hay camino sino estelas en la mar.”
Puede ser que un trastorno
neurasténico reconduzca nuestras mentes a una dicha sin sentido y toscamente
enrevesada: inconsciente individual retrospectivo; colector de un pasado
anquilosado en la memoria; interconector multineurológico discrecional; atavío
aurosinérgico de piel traslúcida; luminosos frenéticos de espasmos relucientes,
colorido poético de mimético espanto; libertad excarcelada de su absurdo,
blanca nieve, claras aguas, altos cielos, mil epítetos corridos; una princesa
sin reino ni corona, un lugar hermoso sin princesa; altas y afiladas cuchillas
de granito, nubes salpicadas de biotita, hambriento feldespato, eterno cuarzo;
seres, inertes y vivos, pasados, presentes, futuros, seres humanos, mujeres y
hombres; … un todo.
¿Y qué diríamos de ese lapso
que ha sobrevenido sin desplazar el aire que respiras? ¿Por qué se habrá
perdido? ¿Dónde estábamos cuando atravesó tu calle? ¿En qué lugar? ¿En qué
tiempo?
Hoy, de nuevo, el aire es
deliciosamente extraño. He vuelto a sentir a Juan Gaviota y he podido ver que
es fácil volar sobre ese aire sin más que aceptar que “somos una idea ilimitada de la libertad, una imagen del Gran Ser, y
todo nuestro cuerpo, de los pies a la cabeza, no es más que nuestro propio
pensamiento”.
Hoy quisiera estar allí, aquí,
en el ahora, en el después, en el antes... viajar sin cuerpo, sin materia, por
un mundo repleto de lindos sentimientos, poder asirlos a través de mis
pulmones, llenar el vacío con ellos ¡Quién pudiera decidir que la mente nos es más
que una ínfima parte de LA MENTE! Hoy podríamos andar por una historia
interminable, trepar paredes que rasquen el cielo, flotar por mares invisibles
sobre el halo del delfín sagrado,… Hoy podríamos cerrar los ojos un instante y
notar cómo el frescor oxigenado de un gran bosque nos separa del somático
delirio de los cuerpos entre cárcavas y tuétanos caídos de la nada. Y entender
el lejano crepitar de las estrellas como cantos que alumbran la tiniebla. Y
soñar dos lívidas gaviotas que se alzan relucientes más allá de la pitanza de
los hombres.
Hoy, alegría. Hoy.
Hoy es ya 7 de junio de 2.002.
Hoy
¿Otra vez hoy? ¿Qué puede estar pasando para que sigamos viviendo en un hoy? ¿A dónde fue el ayer? ¿Dónde estará
el mañana?
Tendremos todo un País sin
Tiempo para nosotros cuando sintamos vivir el minúsculo chasquido del ahora en
un universo vacío de relojes. Entonces…
La princesa dormía
abstraída sobre el ritmo intermitente de largos suspiros. Una cúpula de cristal
de bohemia escondía sus encantos bajo los destellos del alma.
En el páramo, el
sol ha despertado dispuesto a cruzar de nuevo el amplio cielo. Un gigantesco
alcornoque abre sus poderosos brazos más allá de donde los rayos se tornan en
finos haces de energía indisoluble. Sobre el sombrío y raído suelo se extiende
un velo de hojarasca que conforma un espacio único, un círculo perfecto en
medio de ningún lugar, una alfombra inmejorable para el cansado viajero del
desierto. Desde allí se vislumbran las frondosas murallas del castillo. Mil
jirones ondean sobre otros tantos y puntiagudos mástiles de acero al compás de
la brisa matutina. Un firme lienzo de tosca roca se escapa a la historia del
tiempo a través de las tupidas esperanzas del gran oasis. Cien torres se
muestran avispadas sobre el silencio de la nada.
Pero no hay
barreras para el pensamiento, solo existe su propia limitación, la que él mismo
se imponga.
