Auroras siderales
El mar ha empezado
a mojarse.
El cielo se derrama
entre un pensamiento tuyo y un aspaviento mío…. tal vez no sea más que un
sincretismo adulador.
Sueños de cálidas
lumbres acorralan la penumbra. Entre fulgores y matraces desvaídos por el paso
de los años, un minúsculo ápice de casi nada brilla sobre un infinito de casi
todo.
Te siento tan cerca
que el olvido se desvanece entre una lluvia de estrellas y una fragancia de
partículas elementales… la esencia misma: una explosión de vida interior
después de esa vida de ultratumba que pacía en los campos del gran vacío
cosmológico.
Las gotas se funden
con el aire y arden con la tierra que las vio nacer, repiqueteando bajo un
crepúsculo repleto de policromados armónicos simples.
Ha empezado…
Rayos y centellas descargan ilusorias esperanzas
acerca de preguntas con respuestas
bipolares.
Luces que desgarran las entrañas del pasado
y abren los portales del futuro.
Cielos rojos, verdes, amarillos…
aturquesados suspiros
que embadurnan mi cuerpo aséptico y
prohibido.
Nubes negras, grises, blancas…. anaranjados
delirios
que arrastran hacía mí todos tus sueños.
Viento que rebufa y reconcome aquello
que en la claridad de un nuevo sino
soñaste desde aquella Alejandría.
Sigo batiendo mis
deseos más profundos como alas que me llevan a ningún lado, pero todo pierde su
forma y, en medio de esa ingravidez inexplicable, solo estás tú... la musa que
discurre sobre el plato de dulce rímel envuelto en ojos. Y sin morir me muero
desdichado como una cucaracha infame, ignorado por la física del mundo,
ataviado con los ropajes mortuorios del que ni está ni estará ni estuvo.
Es tiempo de
despertar.
Ya se resquebrajan
las cáscaras pulidas de ese elefante de azabache. Ya camino sobre un sinfín de
halos que te muestran “el camino”. Ya te veo. Ya.
Hermosa iluminada
criatura fabricada con el plasma primigenio ¿de dónde vienes? ¿quién eres?
¿cuándo fulguraron tus mejillas? ¿cómo alcanzaste la sempiterna burbuja del
dogma de la claridad? Te miro y solo puedo retener destellos de aforismos
venidos de todo el universo, mientras te huelo y enloquezco ante la alquimia de
tu ser que llega vibrante a mis oídos y arranca de mi piel un millón de
escalofríos.
Después de todo el
amor es… “el amor es un rayo de luna”.
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